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Refúgiate en sabiduría: Apuntes sobre Barrio Fino de Daddy Yankee

A 15 años de la aparición del disco que puso al reggaetón en el mapa, una serie de apreciaciones acerca de Daddy Yankee como personaje, la supuesta monotonía del género que cultiva y el valor de la reivindicación barrial en la música urbana.

Por Andrés Panes

El reggaetón no salió de la nada. Tiene sus raíces en Ciudad de Panamá y San Juan de Puerto Rico, y llevaba unos veinte años cocinándose antes de la vigoréxica “Gasolina”, el despliegue de frenetismo y poderío rítmico que lo dio a conocer en el mundo, de la mano de un veinteañero consagrado monásticamente a la música urbana y respaldado por un disco inapelable. Daddy Yankee tenía 27 cuando sacó Barrio fino, pero ya era un veterano que venía de rapear desde adolescente con el seminal productor Playero. También apodado Winchester Yankee en sus inicios, el puertorriqueño nacido como Raymond Ayala fue empujado a los estudios de grabación tras recibir accidentalmente un balazo en la pierna. Entregarse a las rimas, renunciando al sueño de ser beisbolista, resultó ser la mejor decisión de su vida: a la altura de Barrio fino, ya era una figura local en la isla. Destacaba por su perseverancia (“De niño en el barrio se aprende a no retroceder”, afirma en “King Daddy”) así como por su astucia (“Refúgiate en sabiduría”, aconseja en “Corazones”).

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Contrario al mito que persigue al reggaetón, esa noción arraigada entre sus detractores de que se trata de un género monótono, basado en un perpetuo e inclemente tu-tun-tun-tun, Barrio fino sustenta su atractivo en la amplia variedad musical que ofrece y en la forma en que integra ese nutrido acervo a un ritmo nuevo. Por mucho que sus beats sean reggaetoneros, las citas a otros estilos son la tónica del disco. Una canción como “Like you”, por ejemplo, trasluce la querencia de Daddy Yankee por el R&B, vital en su formación como adolescente boricua expuesto a la cultura gringa, homenajeada también a través del spanglish, un recurso que el Big Boss utilizaba en aquel entonces para enganchar al público angloparlante que hoy se rinde a sus pies y que siempre estuvo en su mira. Otro corte, “Sabor a melao”, incluye la participación de un héroe tropical, Andy Montañez, apodado El Padrino de la Salsa, una fuente de la que el tema bebe sin empacho. Asimismo, también hay tintes de merengue en la columna vertebral de uno de los singles más populares del disco, “Lo que pasó, pasó”

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Si bien no es una obra cien por ciento conceptual, Barrio fino tiene muy bien definido el marco en el que transcurren sus acciones. Cada escena que Daddy Yankee describe tiene lugar en el caserío, el gueto puertorriqueño. Tanto en la intro como en el intermedio, el que habla es Gavilán, un poeta y ex convicto elegido por El Cangri porque su vida y obra se mueve por los mismos extremos que transita su música, es decir, las letras y el bajo mundo. Quizás todo lo que uno necesita saber sobre dónde está parado Yankee lo dice Gavilán en estas líneas: “Nací entre calles oscuras, nací en donde vivo/ Nací en donde, sin duda, para mucha gente está prohibido/ Aquí he soña’o con la vida, aquí he juga’o con la suerte/ Aquí la maldad está prohibida, entre nosotros, entre mi gente/ Lo llamo ‘barrio’ con orgullo/ Lo llaman ‘barrio’ los de afuera/ Y el honor por nacer aquí me lo atribuyo/ Yo que soy quien soy, a mi manera”. Apoyado en la producción bombástica de Luny Tunes en la mayoría de las canciones, el disco no solamente ilustra cómo es la vida del bajo pueblo en Latinoamérica, sino que la enaltece sin caer en caricaturas ni en la condescendencia. Daddy Yankee en todas sus expresiones, desde el maleante rapero de “Santifica tus escapularios” hasta el lúcido filósofo de “Salud y vida”, reivindica a su clase y ostenta con amor propio su denominación de origen. La música urbana se trata justamente de eso. Espiritualmente, Barrio fino siempre es el modelo a seguir.

Publicado en Culto de La Tercera en julio de 2019

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