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contrabando de ideas sobre música urbana

Ideas para entender, empezar a escuchar y tal vez bailar algo de trap

Por Andrés Panes

Un estilo musical toma forma en el sur de Estados Unidos. Sus pioneros son afroamericanos empobrecidos. Hacen canciones que rompen tabúes y plasman realidades crudas. Es música vibrante, libre de tapujos. A los jóvenes les encanta. Los adultos la odian porque la ven como una amenaza.

Si los orígenes del trap parecen familiares es porque remiten a los de géneros como el blues y el jazz, ambos rechazados por el establishment en un comienzo para luego abrirse paso en la alta cultura, tal como lo hace ahora el rock en un paulatino proceso que muchos confunden con decadencia.

La historia indica que así funcionan los ciclos de la música. En Estados Unidos, donde el trap comenzó a incubarse hace más de veinte años, ya está ocurriendo: existe el Museo del Trap, ubicado en el epicentro del fenómeno, Atlanta. Se trata de la galería de arte más exitosa de la ciudad, toda una atracción turística.

El Museo del Trap fue fundado por T.I., nombre clave en el destape mundial del trap. Su disco Trap Muzik (2003) ayudó a llevarlo al mainstream, así como a redondear el concepto de trap, surgido en la jerga de Atlanta para referirse al bajo mundo. “Trap” significa “trampa”, no hay que olvidarlo.

Títulos posteriores como Trap or Die de Young Jeezy y Trap House de Gucci Mane, dos archienemigos con una rivalidad manchada de sangre (Gucci mató en defensa propia a un miembro de la pandilla de Jeezy enviado a asaltarlo), resultarían vitales para albergar bajo un mismo techo tanto un sonido como una filosofía.

En esencia, el trap es un compendio de lo acontecido desde los noventa en el rap sureño de Estados Unidos, lejos del radar centrado en las costas. Una impronta digital de bajos profundos y prominentes hi hats agitados, con la caja de ritmos Roland TR-808 como fetiche e innovadoras modificaciones en el flow de las rimas.

Atlanta es donde terminó su ensamblaje el trap, armado a base de diversos elementos. Está su antepasado sónico, el crunk, salido de Memphis al igual que Three 6 Mafia con sus métricas que miles copiaron. También son un precedente los experimentos del tejano DJ Screw, consistentes en ralentizar los beats.

“El rap está volviendo al sur porque aquí es donde todo comenzó. Percusiones fuertes, coros repetitivos, letras sexualmente sugestivas. Eso es blues, hermano. Dolor, sexo y hacer música por cualquier medio necesario. Decir lo que tienes que decir. Cada hombre tiene el derecho, el maldito derecho, a contribuir un verso”.


Terrence Howard en Hustle & Flow (2005)

Manual de uso

El trap fue parido en los márgenes de la sociedad, con las “traphouses” (casas donde se venden y consumen drogas) como primer hábitat. De ahí su código estético, en el que es común que los músicos asuman el rol de narcotraficantes o consumidores tal como un baladista adopta el papel de eterno fracasado en el amor.

De la misma forma en que el rock psicodélico se relaciona con el LSD y el reggae tiene un vínculo con la marihuana, el trap posee un nexo con los jarabes de codeína (que se beben mezclados con gaseosa blanca y caramelos), cuyo color morado y efectos sedantes resultaron decisivos en la imagen y el sonido del género.

Dada su pertenencia al árbol genealógico del rap, cuya función original es retratar el entorno a base de hipérboles, el trap heredó su naturaleza dramática, pero exacerbada, al borde de la altisonancia. Es, si se quiere, una especie de post rap: hecho con los mismos medios, pero distintos fines.

Las letras del trap tienden a ser explícitas. A veces rozan e incluso abrazan la pornografía verbal. Sin embargo, interpretarlas literalmente es un error. Sería como creer que los directores de películas gore, los músicos de death metal o los diseñadores de videojuegos shooter de verdad tienen ansias de sangre.

En cuanto a espíritu, no es tanta la distancia entre el trap y el punk. Ambos proponen la misma metodología: el hazlo tú mismo, sin frenarse por la precariedad de recursos o de técnica. Su faceta contracultural se intensifica con un rechazo a mandatos sociales como la monogamia o los trabajos de nueve a seis.

La incomprensión de la prensa tradicional no le quita el sueño porque el trap se vale de Internet para difundirse y masificarse planetariamente. Ser visto como un estilo bastardo lo vuelve aún más accesible: mientras se asienta como una alternativa al purismo de la vieja escuela rapera, aún son pocos sus fundamentalistas.

Subproducto de la era digital, el trap está hecho principalmente con softwares y, a grosso modo, tecnología que le permite a cualquier pieza transformarse en un estudio de grabación. Su relativa accesibilidad explica el rápido aumento mundial de sus exponentes, los que a su vez tienen orígenes cada vez más diversos.

Como prácticamente cualquiera puede acercarse al trap, el movimiento se ha vuelto un lenguaje universal, pero muy rico en particularidades, matices y voces. Las reglas del género han sido torcidas, desafiadas, quebradas e incluso ignoradas. Ahora hay trap de todo tipo: fiestero, político, gangsteril, emo y hasta humorístico.

En todas las esquinas de América

El trap se coló en cada rincón del mundo. Rich Brian se hizo viral con un single que grabó en su pieza en Tailandia y los hermanos PNL baten récords de ventas en su natal Francia. Sin embargo, a la hora de acercarse al género, las primeras escuelas a tener en cuenta debiesen ser las de nuestro continente. A continuación, una lista de sugerencias y consideraciones en orden de cercanía geográfica.

Chilenos

La adaptación del trap gringo más estricto a la realidad puentealtina hecha por Nación Triizy, antes conocidos como Downzouthkingz y activos desde finales de la década pasada, fue uno de los primeros antecedentes criollos del trap. Otros impulsores fueron Zonora Point y KSM Fam, el colectivo de Ceaese, uno de los más visibles exponentes nacionales gracias al vuelo que tomó su disco Utopía, emblemático para el movimiento local. Por ese disco desfilan otros nombres en vías de consagración como Gianluca, Young Cister, Polimá Westcoast y Drefquila, de enorme popularidad. Punto aparte dentro del piño para Pablo Chill-E, un mundo en sí mismo, el Messi del equipo. Aparte de ser el mejor rimador de su generación, tiene su propio escuadrón, la ShishiGang (que es un grupo de amigos, un sello discográfico y también una coordinadora social que muestra el lado consciente de un chico de 19 años nacido en cuna de piedras), por el que desfilan promesas como Drago y BlackRoy que le aseguran larga vida al fenómeno. El espectro de sonidos, temáticas y personalidades es tremendamente amplio y habla de una juventud chilena que brilla por su diversidad, con propuestas como Princesa Alba y sus aspiraciones pop conviviendo con la poesía decadente y sucia de Yung Represalia (el hijo del MC Margi de los noventeros Rezonancia), el existencialismo de la refinada Catana, el potencial masivo de Paloma Mami y la pasión de Estasi Assoluto.

Argentinos


El trap es por lejos lo más interesante que le ha pasado en décadas a la música al otro lado de Los Andes. Hermanado con el freestyle, otro fenómeno urbano que mueve masas, ha visto salir a sus principales figuras directamente desde las batallas de rap. Paulo Londra, el más popero de todos (hace poco sacó una colaboración con Ed Sheeran), solía competir en torneos de improvisación, al igual que otros solistas mucho menos inofensivos como el respetado Duki y el jovencísimo Lucho SSJ de tan solo 16 años. Las colaboraciones van y vienen en la escena trasandina. Cada uno de los recién mentados tiene trabajos con artistas chilenos (Pablo Chill-E, EasyKid, el beatmaker Xander, el productor VH El Virus) y muchas alianzas internas como el histórico remix de “Tumbando el club”, un tema de hace un par de años que fue regrabado en plan Avengers con un ensamble de héroes del circuito como la aterciopelada Cazzu y el alborotador Ysy A.

Latinos


Dentro de nuestras fronteras, la versión más popular del trap es la que suena en discotecas, una movida encabezada por Bad Bunny, un artista con tanto alcance que se convirtió en un líder social instantáneo apenas se plegó a las movilizaciones en Puerto Rico que exigían la salida del ahora ex gobernador Ricardo Rosselló. El trap latino es por lejos su encarnación más popera, con artistas como J Balvin liderando el cartel de festivales por todo el orbe con una versión colorida y multicultural del género, así como otros todavía más apegados al malianteo que caracterizó a los precursores gringos. Entre ellos, el de mayor popularidad es Anuel AA, muy dado al uso de imágenes narco en sus letras.

Estadounidenses


La meca del trap contiene en sí misma todas las vertientes posibles, desde artistas de pop como Migos (que el 2018 igualaron las marcas de popularidad de Los Beatles en el Hot 100 de Billboard) hasta experimentos tan interesantes como los que hacían antes de morir, por sobredosis y en un homicidio respectivamente, Lil Peep y XXXTentacion, hijos de SoundCloud que, criados en un ambiente libre de barreras estilísticamente, eran capaces de samplear hardcore emo o aggrometal en sus instrumentales. No es casual que este año Lil Nas X batiera el récord de más semanas consecutivas en el número uno con su canción “Old Town Road”, una mezcla de trap y country diseñada para incrustarse en la memoria.

Publicado en Práctico de La Tercera en agosto de 2019

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