microtráfico

contrabando de ideas sobre música urbana

Esto no salió de la nada

Todo tiene un marco histórico. También la música urbana, un término que sentimos cruel en su reduccionismo, aunque creemos que facilita el diálogo. La explosión del fenómeno puede ser reciente, pero sus raíces se remontan a décadas pasadas y a lugares tan lejanos de Santiago de Chile como Ciudad de Panamá en el caso del reggaeton o Atlanta en el caso del trap. 

Nada de generación espontánea. El boom que presenciamos no ocurrió porque sí: se trata de una respuesta musical al mundo en el que vivimos, con todo lo bueno y lo malo que ofrece. Detrás suyo hay artistas, productores, realizadores audiovisuales, diseñadores y un batallón de gente más conformando la avalancha.  

La música urbana en ningún caso es un oasis: podemos dibujar sus conexiones con otros estilos, otras escuelas. Líneas que la unen con el rap, la electrónica, el pop y mucho más. Después de todo, Lil Uzi Vert se deja influenciar por Marilyn Manson, Pablo Chill-E y Polimá WestCoast cantan sobre una base andina, el sonido de Blink-182 inspiró a Bad Bunny, Gianluca es comparado con los antiguos cantores campesinos por Gepe y el folclorista Osvaldo Cádiz… y podríamos seguir. 

Un mundo en sí mismo, la música urbana irrumpe en Chile golpeando la cátedra. No solamente le inyecta nuevos referentes al cancionero local, sino que obliga a tomar en cuenta realidades que los medios masivos prefieren omitir, decorar o simplemente caricaturizar. La democratización que trajeron las tecnologías para grabar en casa, las más empleadas en el trap y el reggaeton, implica que ahora pueden hacer música muchos de los que antes permanecían en silencio por falta de recursos. Lo vimos pasar con el rap, y ahora ha sido llevado a nuevos extremos. 

Cómo reacciona la sociedad chilena a todo esto es un asunto apasionante. La música urbana generó una comunidad que antes no existía, pero también vino a mostrar divisiones que estaban pasando desapercibidas. De repente se hizo más fácil notar el clasismo oculto de alguien: solamente basta con mostrarle el “Mambo para los presos” a ver qué dice. La aparición de Princesa Alba, tildada de flaite (y discriminada por eso) cuando debutó, o el show de Bad Bunny en Viña, que generó montones de memes que básicamente roteaban a su público, han sido eventos decidores sobre las fisuras de nuestro pais.

Todo lo que pasa con la música urbana, desde cómo suena hasta cómo es consumida, nos llama la atención y nos hace pensar. Microtráfico surge del interés que sentimos por este fenómeno, que no nos huele a moda, sino a cambio de paradigma. Aunque tenemos más preguntas que respuestas, intuimos que estamos ante un proceso muy importante para el devenir de la música popular tanto en el mundo como en Chile. 

Microtráfico no es más que la iniciativa de dos fans. Uno, Miguel Ángel Kastro, es un artista visual cuyo trabajo en las calles de Santiago lo ha mantenido cerca de la cultura hip hop. El otro soy yo, Andrés Panes, un periodista musical. Desde que estábamos en el colegio y pirateábamos todo lo que nos llegaba a las manos para compartirlo después, nuestro tema de conversación más recurrente siempre ha sido lo que estamos escuchando. 

De forma semanal, vamos a comentar la actualidad de la música urbana en una transmisión vía YouTube que no es más que una videollamada entre dos amigos hecha pública. En este sitio, además, iremos dejando textos con lo que nos ronda por la cabeza, así como playlists con lo que está sonando en nuestras casas y en nuestros celulares. Bienvenidos.

2 thoughts on “Esto no salió de la nada

Deja un comentario

A %d blogueros les gusta esto: