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contrabando de ideas sobre música urbana

Ceaese: Probado en combate

Un punto a destacar del trap chileno es lo expansivo que ha resultado ser en tan poco tiempo. DrefQuila y Paloma Mami tienen contratos con multinacionales, o sea que cuentan en este momento con recursos prácticamente inimaginables desde la gestión autónoma. Pablo Chill-E está en el sello del español Yung Beef y figura junto al mismísimo 6ix9ine entre los colaboradores del último mixtape del ibérico. Gianluca, temerario, se sale del trap en el más reciente disco de Gepe, un tributo a la esencial folclorista Margot Loyola.

Todo ha pasado en lo que parece un abrir y cerrar de ojos. Hace un par de años, ninguno de ellos figuraba en el mapa. El que sí estaba era Ceaese, el mayor de la clase a sus 32 años, rodeado de gente un decenio menor. «Me huevean con que soy el tío de los cabros», me comenta riéndose, de muy buen ánimo porque su disco “Utopía” acumula dos millones y medio de reproducciones desde su lanzamiento hace sólo un par de meses.

Si alguien sabe sobre expansión en el juego del trap chileno, es el tipo que tengo al frente, que el 2013 sacó un disco junto a Jonas Sanche, “Cream Gang”, donde se mezclaba gente como Yaero con Chystemc, es decir, los primeros interesados locales en el trap y los raperos de escuela más clásica. Entre ambos segmentos todavía hay fricción, por lo que presencié el viernes 26 de octubre en el Teatro Caupolicán durante la celebración del trigésimo aniversario del rap chileno, un evento en el que Nación Triizy fueron pifiados a rabiar.

Ceaese tuvo la tarea de presentar a los Triizy esa noche: «Dije su nombre y no pasó nada, pero apenas mencioné que eran “los precursores del trap” empezó la pifia. Era muy predecible igual, esperaba que pasara algo así en un evento por los treinta años del rap con gente como los Panteras Negras que, en vez de generar una alianza y unificar, son los que segmentan la escena hasta el día de hoy. Los Tiro de Gracia tampoco avalan esta nueva ola de música. Pero no quiero generalizar. En ese mismo evento se me acercó gente como el Margihuanero a tirarme buena onda, y el otro día grabé un tema con Liricistas producido por el Utopiko, que es como el plug ahí, aunque yo a ellos los conozco desde hace años».

En el mentado “Cream Gang”, Ceaese rima algo que lo sigue definiendo: «Haciendo música en mi pieza, mi estudio es mi empresa». Ando de visita en su pieza-empresa porque busco respuestas sobre lo ocurrido en el Caupo. En lo personal, me dio una lata enorme. Los Triizy son el grupo de Marlon Breeze, un tipo al que recuerdo haber escuchado ya el 2008 con Downzouthkingz, pioneros en la inclusión del dirty south a la paleta sónica del rap chileno. Atribuyo a su condición de veterano el final feliz del impasse: la sorpresiva aparición del Margi para interpretar ‘La vida no es recta’ de Rezonancia ante el asombro y posterior deleite de los mismos que segundos antes hacían escuchar su desprecio.

Lo que pasó con los Triizy se enmarca en lo que percibo como una brecha generacional en la música urbana. No se me ocurre alguien mejor para hablar de esto que el Cea, alguien que lleva muchos años acortando distancias: «Yo el 2007 me fui a vivir a Estados Unidos, y en la tele daban un programa de puros crews de negros que bailaban Lil Jon y Three 6 Mafia. Ahí vi el futuro. Llegué a hacerlo acá y todos me preguntaban qué era, si era reggaeton o qué. En ese tiempo también estaban ZP y el Marlon atreviéndose a hacer otras cosas».

«Antes de que llegaras, estaba escuchando Black Sabbath y Mac DeMarco y entre medio Cosculluela y Migos», me comenta fumando un cigarro, sentado frente a su compu y sus equipos, a dos pasos de su cama. Lo suyo es la variedad: «Vengo de una familia de melómanos que escuchan de todo. A mí me gusta la música y creo que mientras más música escuchas, mejor música haces. Hay que nutrirse de música, de mensajes, de ritmos».

Su apuesta ha dado frutos: «Hay un boom con el disco en Spotify. Estamos inscribiendo los temas en la SCD, algo que no había hecho antes. Las colabos están bien trabajadas comercialmente, pero yo tengo buen trato con la gente que las hice, con el Dref, con Gianluca, la generación que está dejando la cagá y que son cabros sin miedo a nada». En “Utopía”, fiel a su discurso unificador, también invita en un par de temas a la cantante y compositora Flowyn, perteneciente a la generación anterior de la música urbana.

En cuanto a la camada actual: «Saben de dónde vengo y quién soy. Yo converso igual con ellos, contigo o con el que se me acerque a hablar. Me llegan cientos de mensajes de cabros pidiéndome una opinión sobre la música que están haciendo o preguntándome qué equipos comprar para sus estudios caseros. Siempre trato de comunicar que no es necesario tener lo mejor de lo mejor, que lo que importa es lo que tengas dentro y lo bien que uses los recursos con los que cuentas. Ocupa tu cabeza». Cea predica con el ejemplo: «”Utopía” lo grabamos en mi casa, yo ecualizo, mezclo y masterizo, hago todo acá y llevo quince años haciendo mis propias cosas. Se me hace fácil porque conozco mi voz y mis procesos».

En su opinión, el trap requiere coraje y audacia: «Da lo mismo lo que digan. Mucha gente se pregunta si lanzarse o no con algo. Uno tiene que hacer lo que ama, hay que tirarse a la piscina. La música es tan subjetiva que siempre vai a encontrar gente a la que le va a gustar lo tuyo. El circuito del trap explotó en los últimos años, pero yo no me encierro en el trap. Me gusta su nicho, pero lo que me gusta en realidad es lo urbano en general, que al final ahora es lo pop. Hasta Ariana Grande usa el hi hat y el 808 y están los boricuas igual llevándola mundialmente. Si entiendes eso y sabes utilizar el trap como una herramienta, ganaste».

Ceaese no se engrupe: «Hago trap, pero no me caso con el concepto original. “Trap” significa “trampa” y viene de las trap houses, donde se consume droga, se vive en la delincuencia y hay putas. Hay gente que hace una versión chilenizada de eso, como Pablo Chill-E o los Triizy, pero yo no vengo de esa realidad, no vivo nada de eso. Mis letras eran más introspectivas, de autosuperación, de salir adelante, de la depresión, de los desamores, de los problemas con el mundo, con la sociedad, con la familia. Eso es más transversal y le pega a gente que no es del nicho. Creo que por ahí yo empecé a marcar la diferencia. Ahora con “Utopía” estoy tratando de hacer algo todavía más transversal, más entretenido para la gente, más light, pero más maduro, algo serio, bonito y bien hecho, ejecutado de una forma pro, no hippie».

La claridad con la que habla tiene un sustento: «Nunca he tratado de mentir. Muchos tienen que inventar una doble vida para posicionarse, pero yo en todos lados soy el Ceaese, no pierdo mi volada y no entiendo a los que cantan hueás falsas y proyectan ser algo que no son. Yo hice mi carrera en base a letras de desahogo, más profundas, pero hoy en día la gente anda estresada, pa’ la cagá, trabaja todo el día y después quiere salir, no quiere cortarse las venas. Quieren tomarse una chela y escuchar algo más animado y pasarlo bien. La gente quiere fiesta. Por eso empecé a incursionar en ritmos más latinos como el reggaeton, cachai. Puedo mantener mi esencia en el ritmo que sea».

Sé que tiene una mentalidad ganadora desde que el disco de N3P7UNO llegó a mis manos, a comienzos de esta década, pero la confianza que transmite ya no se basa en los supuestos de un novato seguro de sí mismo, sino en las medallas de un soldado probado en combate. Ahora de verdad es King Ceaese, como dice el tag de sus canciones. Encontró su espacio, o mejor dicho su imperio: «En el hip hop siempre fui discriminado por ser de Ñuñoa y después de Providencia, por no venir de la pobla ni fumar paragua en la esquina ni andar delinquiendo. Yo me tuve que ganar mi espacio por la música. Con “Cream Gang” muchos entendieron que se podían juntar diferentes mundos. Jonas Sanche fue valiente y no tuvo miedo a mojarse el poto. Hay otros, como el Portavoz por ejemplo, que están tan encerrados en un nicho que, si un día hicieran otra cosa, se quemarían. Hacer de todo sin miedo me da libertad para el día de mañana, cuando esto siga mutando y ya no se llame trap, porque todo va evolucionando».

Un fragmento de la edición de junio del 2010 de Extravaganza!

Su diagnóstico sobre lo ocurrido con los Triizy en el Caupo es lapidario: «Creo que hay una envidia de parte de la vieja escuela hacia la nueva escuela. La envidia de no poder hacerlo, de no poder producir ese tipo de beats, de no poder comunicar con otro ritmo, de no poder salir de su safe place. Quieren que siga todo en la oscuridad para que nadie triunfe más que ellos. Lamentablemente en Chile no sé por qué mierdan pasan esas cosas. Aquí el jí jó es muy jí jó, cachai. Escuchan un 808 y se descomponen. Y si no te gusta su jí jó, cagaste. El trap es al revés, está ligado a otras ramas como el dancehall, el house, el pop, entonces más gente lo consume. Igual el jí jó va a existir siempre, pero en las mismas tocatas en las que no se le da espacio a otros artistas ni otras tendencias. El jí jó se desarmó y el trap va por buen camino con gente y bandas haciendo alianzas para que todos ganemos. En el jí jó nunca pasó eso, tú ibai con tu banda y la gente a la que llevabai era la gente que te aplaudía y el resto te miraba feo. Así con cada piño, cachai. Nunca hubo una alianza, eran puros hueones tratando de hacerla primero y el que la hacía era el más cabrón».

Ceaese me concede que las pugnas son, desde el inicio, parte de la historia de la música urbana: «Siempre hay gente que habla de pasarlo bien y otros que prefieren el contenido, la lucha social, pero tiene que haber diversidad en esto, o si no, todo se vuelve fome. El rap chileno llegó a un nivel y se quedó ahí, yo por eso me aburrí hace caleta de la escena, de mirar las mismas caras, los mismos hueones haciendo lo mismo, los mismos ritmos, las mismas temáticas. Dale un vuelco por último, experimenta con otras cosas para no aburrir. La gente escucha trap por lo mismo, porque trae un aire nuevo. Si tú a ese aire nuevo le pones tu sello, listo, como lo que hacen hoy en día J Cole o Kendrick Lamar, que son cabezones y no se pueden comparar con Lil Pump, pero suenan igual de modernos».

Para predicar con el ejemplo, y porque entiende que es visto como un sensei, mantiene los pies en la tierra en sus letras: «Trato de dejar algo. Igual digo que me caí, que estuve mal, que me drogué, que estuve pa’ la cagá, que me quise matar quizás en algún momento, pero existe un mundo de cosas buenas y, puta, hay que organizarse, salir adelante, hay hueás tan bacanes como la familia, las proyecciones. La vida es una sola y si andai fofeando todos los días, erai. Las drogas son entretenidas, sí, pero todo en exceso es malo. Mucha gente en el trap habla de consumir y consumir drogas, pero en menos de un año se murieron Lil Peep, Mac Miller y XXXTentacion, entonces, chucha, no es tan entretenido el Xanax, ni la codeína, ni el beef».

Ceaese sigue, como de costumbre, derribando fronteras. Prepara una serie de colabos internacionales y una sorpresiva alianza con un grupo indie local. Donde otros ven distancia, él ve cercanía: «La música urbana integra todo tipo de gente, tú vai a una fiesta y siempre hay locos andróginos, gays, lesbianas, todos perreando, hasta locos medio dark, bizarros. Allá en gringola apareció Frank Ocean diciendo que era bisexual y todo bien, pero imagínate que acá el día de mañana aparezca, no sé, Lalo Meneses diciendo “soy gay”. ¿Qué pasaría? ¡Implosionaría la escena hip hop! En el trap da lo mismo tu condición sexual o de dónde seas. Tú vienes con nosotros y lo pasamos bien, por eso esto ha ido creciendo».

Andrés Panes

20 de noviembre de 2018

2 thoughts on “Ceaese: Probado en combate

  1. Esta bueno el texto para demostrar las obvias diferencias generacionales. Los medios para hacer las cosas que entrega cada tiempo de la historia, los momentos sociales y políticos de cada época, las estéticas que han ido incorporándose (acomodándose) cada día a las dinámicas del mercado y quizás cuantas cosas más, finalmente, terminan por formar una brecha que yo también observo como insolusionable pero me parece natural que suceda. Quizás los temas de fondo siguen siendo los mismos, pero las formas de abordarlos evidentemente terminan por distanciarlos. Me molestan algunas estéticas que se dan en el hip hop y en el trap, la de Nacion Triizy es una de ellas. El trap, al igual que cualquier estilo musical, no me molesta, pero creo que como en todos ellos hay buenos y malos ejemplos. Quizás los pifiaron por lo mismo ese día en el Caupolicán. Quizás la gente también percibe esa diferencia, percibe esa distancia en ideales y posturas, no creo que sea una simple discriminación o envidia, y lo que lo hace más claro es que al retornar a esos ideales con el tema de Rezonancia, haya cambiado en algo la percepción. Hay una identidad identidad discotequera, de hedonismo extremo y algunas ideas más cercanas al aleccionamiento del mercado en muchos ejemplos del género. No siempre la weá es fiesta. Los Panteras Negras han formado alianza con gente de los Fiskales o Los Miserables, quizás aquello que se indica en el texto no es tan cierto. Quizás se juntan con otra gente, con otros gustos, con otras ideas. Gianluca me parece que está bien, me parece un buen artista hasta el momento, me gusta su rima y estética casera, casi lo-fi, me parece que hace las cosas porque realmente siente el éxtasis de la creatividad, que le quema de algún modo, pero a los otros los veo en otra volá.

  2. yo digo que el que no cacha no entiende o no ve el significado de trabajo en los temas no le va gustar
    por ejemplo si te gusta u sonido under o desconocido al oido culiao comercial
    te va gustar los triizy o las volás menos escuchadas como yao skuad yung represalia
    compare hay hartos artistas en chile que son buenos y con pocas reproducciones
    La gente va buscar algo parecido a lo comercial pa sentirse por decirlo acogido eso bless
    un melomano

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